LA ADAPTACIÓN AL DIVORCIO

Publicado el 24 marzo, 2015

La definición de divorcio como un recurso legítimo para las familias que buscan un nuevo sistema de estabilidad familiar contribuye a la positivización del término. El divorcio puede ser experimentado como un período de cambio constructivo más que un trauma que perdura en el tiempo. De manera que, en armonía con los cambios en la forma de familia está la aceptación del divorcio como solución a un matrimonio con alto grado de insatisfacción.

A la decisión de divorciarse le precede un período de inestabilidad emocional, acompañado de pensamientos de ruptura. Antes de dar el paso hacia la ruptura definitiva, el cónyuge que plantea  el divorcio hace un balance del coste que supone continuar viviendo un matrimonio insatisfactorio y el coste de terminarlo. Este período previo a la decisión implica una etapa de intentos de reconciliación. En esta trayectoria la mayoría de las parejas que solicitan nuestra ayuda profesional en “Espacio de Psicología y Mediación Familiar” toman la determinación de quemar las naves, no quieren equivocarse al dar ese paso, el que consideran el más importante de sus vidas.

image

Cuando un miembro de la pareja llega a la decisión clara de separarse, aparecen los momentos de discordia con el otro cónyuge que no ha participado en esta decisión. Y en esta vivencia de ambivalencia, angustia y miedo por la situación personal incierta, es cuando se negocian cuestiones como las necesidades afectivas y económicas de los hijos o el reparto de bienes, que determinarán el futuro de la familia. La ruptura exige tomar decisiones de la máxima racionalidad en un momento de gran vulnerabilidad.

Las familias pueden acudir a los tribunales para resolver el trámite del divorcio legal, y también pueden optar por la mediación, un recurso complementario. La mediación constituye un importante instrumento para contribuir a la mejora de la relación en los conflictos familiares. Es una posibilidad alternativa más saludable al proceso contencioso de divorcio.

La mediación se presenta para dar solución a los casos en los que se reconoce el fracaso parcial del sistema jurídico. Es un proceso mucho más interactivo, que introduce fórmulas pacíficas de resolución de conflictos, con carácter pedagógico que consigue establecer nuevos vínculos familiares. La pareja conyugal dejará de existir pero continuarán siendo padre y madre para siempre.

La mediación ayuda a la adaptación tras el divorcio, logrando una mejor calidad de vida para todas las personas envueltas en el conflicto. En esta etapa del divorcio se trata de hacer consciente una nueva realidad, enfrentarse a situaciones nuevas, adquirir roles complementarios, construir nuevas relaciones sociales. El mediador además de facilitar la tarea de llegar a acuerdos, contribuye a que vean el camino que van a empezar de forma más accesible, y sean capaces de anticipar, planificar y continuar con sus vidas. También es importante que reconozcan las ventajas de aprender nuevas formas de organización personal, social y familiar.

Tras el divorcio o separación se inicia un proceso de reconstrucción personal y familiar. La mediación facilita la adaptación a la nueva situación, impide dejarse  dominar por los fracasos del pasado, motiva a que las personas retomen el control sobre la propia vida y dota de las capacidades necesarias para hacer frente a los nuevos desafíos.