EL MIEDO A LA OSCURIDAD

Publicado el 14 mayo, 2013

Los niños experimentan miedos muy variados a lo largo de su desarrollo. La mayoría son transitorios, de poca intensidad y propios de una edad determinada. En la práctica profesional la decisión de iniciar la terapia debe basarse principalmente en el grado de desadaptación, es decir, en la medida en que el miedo repercute negativamente en el desarrollo y bienestar personales, en el ambiente familiar, en el rendimiento académico y/o en las relaciones sociales del niño.

NIÑO MIEDO

El miedo es una emoción adaptativa, es normal tener miedo e incluso es una ventaja que nos ha llegado de nuestros antepasados. Pero el miedo a la oscuridad si le impide descansar será un inconveniente en su vida. El niño no podrá atender en clase, ni rendir apropiadamente en el colegio porque no habrá dormido lo suficiente.

El miedo a la oscuridad es muy común en la infancia. Uno de cada tres niños de 5 a 8 años teme la oscuridad.

Cuando el miedo infantil pierde su utilidad como sistema de seguridad, se llama fobia. La fobia a la oscuridad es menos habitual, se sitúa en torno al 2 por 100, siendo más frecuente en el género femenino, y en niños de 7 a 10 años.

La fobia a la oscuridad es un patrón de respuestas en situaciones de oscuridad que resultan desproporcionadas y desadaptadas, que causa malestar y repercute negativamente a nivel personal, familiar, escolar o social. Estas respuestas ante la oscuridad son:

  1. emocionales negativas: miedo o temor.
  2. psicofisiológicas: sudor en las palmas de las manos, el corazón late con fuerza y deprisa, tensión en los músculos, respiración agitada y entrecortada, etc.
  3. motoras: el niño enciende la luz para asegurarse de que no se esconde ningún monstruo debajo de la cama o dentro del armario, aprieta con fuerza los párpados, se tapa la cabeza, etc.
  4. cognitivas: oye golpes inquietantes, siente unos ojos mirándole fijamente, ve sombras sospechosas, se preocupa por si los padres lo han abandonado, piensa que alguien malvado ha entrado en casa, etc.      

Los bebés no temen la oscuridad. El miedo surge en torno a los dos años y se incrementa en los años siguientes debido a una serie de experiencias. En el origen y mantenimiento intervienen múltiples procesos de aprendizaje, como la asociación de la oscuridad con estímulos de respuesta de miedo que originan reacciones emocionales. Por ejemplo, la asociación de la oscuridad con sueños terroríficos, que provocan en el niño emoción de miedo y llanto. La reacción de los padres que acuden rápidamente a la habitación del niño y encienden la luz para tranquilizarlo, origina en el niño un aprendizaje discriminativo.

Los niños con miedo a la oscuridad intentan retrasar la hora de ir a dormir. Por un lado, la orden de acostarse en ocasiones, se parece más a un castigo porque se le obliga al niño a dejar un medio reforzaste como ver la televisión, jugar, o la atención de sus padres, para pasar a una actividad aburrida y que le genera las emociones de miedo. El niño recurrirá a diferentes respuestas de evitación o escape que en ocasiones será reforzada por los padres que reaccionan con una conducta permisiva y de sobreprotección permitiéndole que continúe con ellos. Esto retrasará la hora de dormir y disminuirá las horas que el niño necesita para estar descansado al día siguiente, por lo que será probable que se encuentre somnoliento, cansado y no quiera despertarse.

Otro mecanismo de aparición del miedo es la observación de experiencias atemorizadoras. Los niños observan el comportamiento temeroso de otros niños en la oscuridad, por ejemplo de otro hermano. También ven películas de miedo o dibujos en los que aparece una escena con imágenes violentas que ocurren en la oscuridad.

La aparición del miedo se atribuye a la asociación de información terrorífica con la oscuridad. Ejemplo de ello lo encontramos en la literatura infantil, dónde los buenos viven a la luz del día y los malos viven en sitios oscuros. Los adultos utilizan historias de niños encerrados en cuartos oscuros para controlar el comportamiento infantil. Esta es una práctica educativa inadecuada porque origina problemas más serios de los que pretende resolver.

Nuestro trabajo con los padres como coterapeutas, para ayudar a sus hijos a superar los miedos, permite que muchos temores infantiles desaparezcan. Una técnica para vencer el miedo a la oscuridad es leer un cuento en el que el protagonista se enfrenta a sus propios miedos y acaba dominándolos. El cocodrilo, de Breitmeier (2010), un cuento con el que se consigue que los niños superen el miedo a la oscuridad. El libro de autoayuda Qué puedo hacer cuando me da miedo irme a la cama (Huebner, 2009) enseña al niño las estrategias para el miedo en general, y para el miedo a la oscuridad, en particular. Si el niño persiste con sus miedos, entra en Espacio de Psicología Familiar y expresa aquello que te preocupa y le preocupa.