Se acabó, no habrá retorno

Publicado el 11 octubre, 2015

“Se acabó, no habrá retorno”, fue la frase con la que se presentó Lucía en el despacho de Espacio de Psicología y Mediación Familiar. Continuó lamentándose del tiempo que había consentido una situación que calificaba como insoportable. La humillación, la ofensa, el desprecio sin ninguna consideración y la gran frialdad con la que Alfonso empezó a tratar a Lucía desfiguró la imagen idealizada que había construido durante  varios meses. La primera vez, Lucía ante el insulto le respondío: “sé que en el fondo no piensas eso. Tú no eres así, eres bueno conmigo, sensible y cariñoso. Tienes algún problema que no quieres contarme”. Lucía recordó esa misma tarde que varias semanas antes habían fantaseado con la idea de casarse y formar una familia. Pensó que quizá Alfonso, se sintió presionado ante la posibilidad de dejar de ser libre y esto le impulsó a reaccionar hostilmente contra Lucía. Cada vez eran más frecuentes los agravios y sarcasmos en forma amenazadora y grosera. Lucía siempre buscaba una justificación que le ayudaba a perdonar el comportamiento de Alfonso.

Lucía es una persona con grandes dotes de escucha y comprensión, su trabajo como enfermera lo requiere. En su hospital se ha convertido en la persona de confianza, pacientes y compañeros la buscan para compartir con ella sus preocupaciones y dificultades. Esta gratitud que le ofrecían las personas fuera de casa era la recompensa que equilibraba al principio la desagradable situación que vivía en su propia casa. Con el tiempo esto cambió, y despertó en ella una alarma que le hacía cuestionar el inadecuado comportamiento de Alfonso. Contribuyó a ello una prueba de realidad, cuando una tarde Lucía habló con su hermano y este le dijo que había visto a Alfonso comiendo con una amiga. Lucía intentó recordar ese día y se dió cuenta de que algo no cuadraba en su agenda.  La alarma empezó a sonar más fuerte y de forma descontrolada, fue en ese momento cuando Lucía pidió ayuda. Y de esta manera llamó a la puerta del despacho, sin previo aviso telefónico, en su huida hacia un lugar que le proporcionara un espacio para sus pensamientos invasivos, lo encontró  mientras transitaba como el enfermo que busca la sala de urgencias, con gran desesperación, de la misma manera que los pacientes la buscaban a ella.

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